martes, 4 de julio de 2017

MES DE LA PRECIOSÍSIMA SANGRE DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO - Día 5

DÍA QUINTO





Autor: Un Misionero. Traducido del italiano por O. M. Presbítero. Santiago de Chile, 1919.

ORACIÓN PARA TODOS LOS DÍAS


¡Oh Sangre Preciosísima de vida eterna, precio y rescate de todo el universo, bebida y salud de nuestras almas, que protegéis continuamente la causa de los hombres ante el trono de la suprema misericordia yo os adoro profundamente y quisiera compensar, en cuanto me fuese posible, las injurias y ultrajes que profundamente estáis recibiendo de las creaturas humanas y con especialidad de las que se atreven temerariamente a blasfemar de Vos. ¡Oh! ¿Quién no bendecirá esa Sangre de infinito valor? ¿Quién no se sentirá inflamado de amor a Jesús que la ha derramado? ¿Qué sería de mí si no hubiera sido rescatado con esa Sangre divina? ¿Quién la ha sacado de las venas de mi Señor Jesucristo hasta la última gota? ¡Ah! Nadie podía ser sino el amor. ¡Oh amor inmenso, que nos ha dado este bálsamo tan saludable! ¡Oh bálsamo inestimable, salido de la fuente de un amor inmenso! Haced que todos los corazones y todas las lenguas puedan alabaros, ensalzaros y daros gracias ahora, por siempre y por toda la eternidad. Amén.



María, llena de gracias por la Sangre de Jesús, nos obtiene, mediante esta misma, también a nosotros gracias.


  1. Por el Verbo eterno fueron creadas todas las cosas, y por Él fue todo reconciliado. Jesús, con la efusión de su Sangre, nos ha devuelto la divina amistad, y nos ha constituido hijos del Padre celestial; por consiguiente esa Sangre es para nosotros la fuente de todo bien. Por tanto es la Preciosa Sangre fundamento y manantial de todos  nuestros méritos. A ella, pues debemos enderezar nuestros afectos.


  1. Si María Santísima fue concebida sin pecado original y colmada de todas las gracias desde el primer instante de su concepción, lo debió a los méritos de la Sangre Preciosa. “María, dice la Santa Iglesia, por los méritos de la pasión y muerte que Jesús  habría de sufrir, fue preservada de la culpa original, y llegó inmaculada a la existencia, y llena de gracias sobre todas las criaturas”. (Bula dogmática de Pío IX, 8 de Diciembre de 1854). Sí, oh Virgen Santísima, disteis a Jesús cuerpo y sangre de un modo nuevo y admirable, y de un modo también nuevo y admirable gozasteis (“Redimida de un modo más sublime”, ibidem) de los frutos de su Sangre, llegando a la existencia adornada de todas las más sublimes gracias. Por esto, Oh devotos de María, muy justo es que demos gracias y honremos siempre a la Preciosa Sangre, que tan grande ha hecho a esta nuestra divina Madre.


III. La Santísima Virgen es la dispensadora de todas las gracias, porque habiendo tenido en ella origen la Preciosa Sangre, Jesús quiere que los beneficios de ésta lleguen hasta nosotros por intercesión de ella. Por esto nos la dio por Madre, no cuando subió al cielo, sino mientras derramaba su Sangre en la cruz, “como si hubiera dicho, escribe el doctor San Alfonso: Nadie puede participar de mi Sangre, sino por intermedio de mi Madre. Mis llagas son las fuentes de las gracias, pero éstas no llegarán a las almas, sino por medio de María que es su canal”. (S. Alfonso. Glorias de María p. 1, c. 5, n. 1). Quien desee, por tanto, participar de los tesoros de la Sangre divina, acérquese a María y los tendrá en abundancia. A la devoción de María junte la de la Preciosa Sangre, y las bendiciones celestiales descenderán copiosamente sobre él.


Ejemplo: Un día se apareció María a San Pablo de la Cruz,  vestida de negra túnica, teniendo sobre el pecho escritas estas palabras en un blanco escudo en forma de corazón: "la Pasión de Jesucristo", y le habló de esta manera: “Hijo: si quieres hacer obra grata para mí funda una congregación en la cual se use este vestido y se haga continuo luto por la pasión y muerte de mi querido Hijo”. Ejecutó Pablo los deseos de la divina Madre, instituyendo la Congregación de los Pasionistas, a quienes agregó, a los tres acostumbrados, un cuarto voto, de avivar en todos el recuerdo de la Pasión. Ésta, para él, tan querida devoción trató  de infundir en los demás, predicando con tanta ternura sobre los padecimientos de Jesús, que movía los más obstinados corazones a compadecerse del Dios crucificado. La Santísima Virgen, complacida de tal obra, se le apareció muchas veces durante su vida, y en punto de muerte, vino con su Hijo a tomar su alma para llevársela al cielo. (Pablo José de la Inmaculada Concepción. Vida del Santo). Si quieres, cristiano, que María sea tu refugio y tu abogada, ama a la Preciosa Sangre, lávate en ella, mediante una buena confesión, resuélvete de veras a no pisotear más esta Sangre con el pecado; y por los méritos de la misma, te obtendrá María la gracia de la perseverancia y el paraíso.
Se medita y se pide lo que se desea conseguir.
Obsequio: Haced una visita a María Santísima, rogándole por la Sangre de su Hijo que os obtenga la salvación de vuestra alma.
Jaculatoria


Por nosotros ofrece,
Oh Virgen Madre,
La Sangre de tu Hijo,
Ante Dios Padre.


ORACIÓN PARA ESTE DÍA
Virgen Santísima, Madre del Verbo Divino, volved a nosotros vuestros compasivos ojos, y a la vista de nuestras miserias y necesidades, moveos a piedad de nosotros. En vos tuvo origen la fuente de las gracias, la Sangre Preciosa; mediante ella podéis, pues, ayudarnos. Ofrecedla por nosotros al eterno Padre, y seguramente nos alcanzaréis todo lo que necesitamos. Haced que un río perenne de la Sangre de vuestro Hijo, se deslice sobre nosotros, para que robustecidos con ella podamos vivir santamente y morir en el abrazo del Señor.


ORACIÓN FINAL PARA TODOS LOS DÍAS


¡Oh Corazón de mi amado Jesús, cargado con la pesada cruz de mis culpas, coronado con las espinas de mis ingratitudes y llagado con la lanza de mis pecados! ¡Oh Jesús de mi vida! cruz, espinas y lanza he sido para vuestro Corazón con mis repetidas ofensas: éste es el retorno con que, ingrato, he correspondido a las dulces y amorosas lágrimas de Belén y a la extrema pobreza en que por mi amor nacisteis; éste es el agradecimiento y recompensa que han tenido vuestros trabajos y vuestra Preciosísima Sangre derramada con tanto amor por la salud de mi alma; esta es la paga de aquella excesiva fineza que obrasteis en el Cenáculo, cuando, abrazado en caridad y encendido en divinas llamas, os quedasteis por mi amor sacramentado, buscando amante la bajeza de mi pecho para recreo de vuestra bondad. ¡Oh Jesús de toda mi alma! Parece que hemos andado a competencia los dos, Vos con finezas, yo con ingratitudes; Vos con un amor que no tiene igual, y yo con un menosprecio que no tiene semejante; Vos con tanto amor regalándome y dándome en el Sacramento la dulzura de vuestro Corazón y yo dándoos por la cara con la hiel de mis culpas. ¡Oh Corazón de mí amado Jesús! ¡Oh Jesús de mi corazón, piadosísimo en esperarme! Compadeceos de mi miseria y perdonadme misericordioso cuanto ingrato os he ofendido, concediéndome benigno que esas espinas con que os veo punzado saquen lágrimas de mi corazón contrito, con que llore mis repetidas ingratitudes, y por esas vuestras amorosas y dulces llagas, llagad y herid éste mi corazón con la dulce y ardiente flecha de vuestro amor, para que os ame y sirva, para que os alabe y bendiga, y después eternamente gozaros. Amén.
V. Señor nos redimisteis con vuestra sangre
P. Y nos habéis hecho un Reino para nuestro Dios


OREMOS


Dios omnipotente y eterno, que habéis constituido a vuestro Hijo único Redentor del mundo y que quisisteis ser aplacado con su Sangre; te rogamos nos concedas que de tal modo veneremos el precio de nuestra salvación, y por su virtud seamos preservados en la tierra de los males de la presente vida, que nos regocijemos después con fruto perpetuo en los cielos. Por el mismo Jesucristo Nuestro Señor que contigo vive y reina por los siglos de los siglos Amén.









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