jueves, 3 de marzo de 2016

ESCLAVITUD MARIANA - DIA 12

PREPARACIÓN PARA LA CONSAGRACIÓN DE SÍ MISMO A JESUCRISTO, LA SABIDURÍA ENCARNADA,
POR LAS MANOS DE MARÍA


San Luis María Grignon de Monfort
(Nota: La preparación dura 33 días. Las oraciones están al final de la lectura de cada ocasión)
DÍA 12
Artículo II
Las prácticas de la verdadera devoción a la Santísima Virgen


I. Las prácticas comunes
115. Hay varias prácticas interiores de la verdadera devoción a la Santísima Virgen. He aquí, en resumen, las principales: 1º) Honrarla como la digna Madre de Dios, con culto de hiperdulía, es decir, estimarla y honrarla por sobre todos los santos, como a la obra maestra de la gracia y la primera después de Jesucristo, verdadero Dios y verdadero hombre; 2º) meditar sus virtudes, sus privilegios y sus acciones; 3º) contemplar sus grandezas; 4º) hacerle actos de amor, de alabanza y de reconocimiento; 5º) invocarla cordialmente; 6º) ofrecerse y unirse a Ella; 7º) realizar las acciones con la mira de agradarla; 8º) comenzar, continuar y terminar todas las acciones por Ella, en Ella y con Ella (En el manuscrito falta “para Ella”. Al correr de la pluma el Santo tal vez lo ha omitido. El contexto, y lo puesto en otras partes, lo pide), y a fin de hacerlas por Jesucristo, en Jesucristo, con Jesucristo y para Jesucristo, nuestro último fin. Explicaremos esta última práctica (Ver al fin del Tratado, capítulo VIII, artículo II).
116. La verdadera devoción a la Santísima Virgen tiene también varias prácticas exteriores: he aquí las principales: 1º) Alistarse en sus cofradías y entrar en sus congregaciones; 2º) entrar en las comunidades religiosas instituidas en su honor; 3º) publicar sus alabanzas; 4º) hacer limosnas, ayunos y mortificaciones de espíritu o de cuerpo, en su honor; 5º) llevar sobre sí sus libreas, como el santo Rosario o la corona, el escapulario o la cadenilla; 6º) recitar con atención, devoción y modestia o el santo Rosario, compuesto de quince decenas de Avemarías, en honor de los quince principales misterios de Jesucristo, o la corona de cinco decenas, que es la tercera parte del Rosario, o en honor de los cinco misterios gozosos, que son: la Anunciación, la Visitación, la Natividad de Jesucristo, la Purificación y el Hallazgo de Jesucristo en el Templo; o en honor de los cinco misterios dolorosos, que son: la Agonía de Jesucristo en el Huerto de los Olivos, su Flagelación, su Coronación de Espinas, su Cruz a cuestas y su Crucifixión; o en honor de los cinco misterios gloriosos, que son: la Resurrección de Jesucristo, su Ascensión, la Venida del Espíritu Santo o Pentecostés, la Asunción de la Santísima Virgen en cuerpo y alma al Cielo, y su Coronación por las tres Personas de la Santísima Trinidad. También se puede decir una corona de seis o siete decenas, en honor de los años que se cree que la Santísima Virgen ha vivido sobre la tierra; o la coronita de la Virgen, compuesta de tres Padrenuestros y doce Avemarías, en honor de su corona de doce estrellas o privilegios (Ver al fin del Tratado, capítulo VIII, artículo I, segunda práctica, página 136); o el Oficio de la Santísima Virgen, tan universalmente recibido y recitado en la Iglesia, o el pequeño salterio de la Santísima Virgen, que San Buenaventura ha compuesto en su honor, y que es tan tierno y tan devoto, que no se lo puede recitar sin estremecerse; o catorce Padrenuestros y Avemarías en honor de sus catorce alegrías; o algunas otras oraciones, himnos y cánticos de la Iglesia, como el Salve Regina, el Alma, el Ave Regina coelorum, o el Regina coeli, según los diferentes tiempos; o el Ave maris stella, O gloriosa Domina, etc., o el Magnificat, o algunas otras oraciones de devoción, de que están llenos los libros; 7º) cantar y hacer cantar en su honor cánticos espirituales; 8º) hacerle un cierto número de genuflexiones o reverencias diciéndole, por ejemplo, todas las mañanas, sesenta o cien veces: Ave María Virgo fidelis, para obtener de Dios, por Ella, la fidelidad a las gracias de Dios durante el día; y por la noche: Ave María Mater misericordiae, para pedir perdón a Dios, por Ella, de los pecados que se han cometido durante el día; 9º) preocuparse por sus cofradías y adornar sus altares, coronar y embellecer sus imágenes; 10º) llevar y hacer llevar sus imágenes en procesión, o llevar una consigo como arma poderosa contra el maligno; 11º) mandar hacer imágenes suyas o letreros con su nombre, y colocarlos o en las Iglesias o en los hogares, o sobre las puertas o entradas de las ciudades, de las iglesias y de las casas; 12º) consagrarse a Ella de una manera especial y solemne.
117. Hay una cantidad de otras prácticas de la verdadera devoción a la Santísima Virgen, que el Espíritu Santo ha inspirado a las almas santas, que son muy santificantes; se las podrá leer mas extensamente en Le Paradis ouvert à Philagie, compuesto por el reverendo Padre Pablo Barry, de la Compañía de Jesús, donde ha reunido un gran número de devociones que los santos han practicado en honor de la Santísima Virgen, las cuales sirven maravillosamente para santificar a las almas, con tal que sean hechas como es debido, es decir: 1º) Con una buena y recta intención de agradar a Dios solo, de unirse a Jesucristo como a su fin último, y de edificar al prójimo; 2º) con atención, sin distracciones voluntarias; 3º) con devoción, sin apresuramiento ni negligencia; 4º) con modestia y compostura de cuerpo respetuosa y edificante.
II. La práctica perfecta
118. Después de todo, declaro abiertamente que habiendo leído casi todos los libros que tratan de la devoción a la Santísima Virge y habiendo conversado familiarmente con los mas santos y sabios personajes de estos últimos tiempos, no he conocido ni aprendido práctica de devoción hacia la Santísima Virgen semejante a la que quiero decir, que exija de un alma mas sacrificios por Dios, que la vacíe mas de sí misma y de su amor propio, que la conserve mas fielmente en la gracia, y a la gracia en ella, que la una mas perfecta y fácilmente a Jesucristo y, en fin, que sea mas gloriosa a Dios, santificante para el alma y útil al prójimo.
119. Como lo esencial de esta devoción consiste en el interior, que debe formar, no será igualmente comprendida por todos: algunos se detendrán en lo que tiene de exterior, y no pasarán mas allá, y este será el mayor número; algunos, en pequeño número, entrarán en su interior, pero allí no subirán sino un grado. ¿Quién es el que subirá al segundo? ¿Quién llegará hasta el tercero? En fin, ¿quién permanecerá allí [como] por estado? (Dice el Santo literalmente: “qui est celui qui y sera per état? El R. P. Monplasir, S. M. M. (en la pequeña vida del Santo, publicada en Bogotá), al hablar de su doctrina, dice: no actos aislados de devoción… sino un ESTADO, como decían los místicos del siglo XVII”… un estado de unión íntima a María Santísima…”




12 DÍAS PRELIMINARES
Empleados en vaciarse del espíritu del mundo
Prácticas Espirituales
Quienes deseen abrazar esta devoción particular emplearán doce días por lo menos en vaciarse del espíritu del mundo contrario al de Jesucristo y para ello rezarán las siguientes oraciones:


VEN ESPÍRITU CREADOR
Ven Espíritu Creador,
Visita el alma de los tuyos,
Llena de suprema gracia
Los corazones que creaste.
Tú, llamado: Consolador,
Don de Dios Altísimo,
Fuente viva, fuego, caridad,
Y espiritual unción.


Tú, regalo de siete dones,
Dedo de la diestra Paterna,
Tú, prometido formal del Padre,
Que enriqueces con elocuencia
Nuestros labios.


Enciende luz a los sentidos,
Infunde amor a los corazones,
Con tu fuerza perpetua
Sostén nuestra debilidad.


Arroja muy lejos al enemigo,
Y danos pronto la paz;
Ante nosotros marcha como guía,
Para que evitemos todo mal.


Sepamos por Ti del Padre,
Y conozcamos al Hijo,
Y a Ti, Espíritu de ambos,
Creamos en todo tiempo.


¡Gloria a Dios Padre,
Y al Hijo, que resucitó de entre
los muertos,
Y al Paráclito,
Por los siglos de los siglos.
Amén




AVE ESTRELLA DE LA MAR


Ave estrella de la mar,
Augusta Madre de Dios,
Permanentemente Virgen,
Puerta del cielo, feliz.


Recibiendo Tú aquel Ave
Por la boca de Gabriel,
Ciméntanos en la paz,
Mudando el nombre de Eva.


Desata el lazo al culpable,
Muestra la luz a los ciegos,
Líbranos de todo mal,
Consíguenos todo bien.


Que eres Madre muéstranos;
Reciba por Ti las preces
Quien, nacido por nosotros,
Quiso ser el fruto tuyo.


Virgen única, sin par,
Entre todas la más dulce,
Líbranos de nuestras culpas,
Haz que seamos mansos, castos.


Concédenos vida pura,
Vía segura prepara:
Para que, viendo a Jesús,
Siempre juntos nos gocemos.


Se alabanza a Dios Padre,
Al sumo Cristo esplendor,
con el Espíritu Santo,
a los Tres un solo honor.
Amén.











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