martes, 23 de febrero de 2016

ESCLAVITUD MARIANA - DIA 7

PREPARACIÓN PARA LA CONSAGRACIÓN DE SÍ MISMO A 

JESUCRISTO, LA SABIDURÍA ENCARNADA,

POR LAS MANOS DE MARÍA

San Luis María Grignon de Monfort




Día 7

Consideración del Tratado de la Verdadera Devoción


PERTENECEMOS A JESUCRISTO Y A MARIA EN CALIDAD DE ESCLAVOS.

68. SEGUNDA VERDAD. Es menester concluir lo de que Jesucristo es a nuestro respecto, con el Apóstol que nosotros no nos pertenecemos como dice el Apóstol (I Cor. VI, 19-20) sino todos enteramente somos de El, como sus miembros y esclavos, a quienes ha comprado infinitamente caro, por el precio de toda su sangre. Antes del bautismo éramos del diablo como sus esclavos; y el bautismo nos ha hecho verdaderos esclavos de Jesucristo, que no deben vivir, trabajar y morir sino para fin fructificar para este Dios-Hombre (Rom. VII, 4) glorificarlo en nuestro cuerpo y hacerle reinar en nuestra alma, porque somos su conquista, su pueblo adquirido y herencia. Por la misma razón, el Espíritu Santo (Cf. Ps. I, 3; Juan XV, 1 y X, 11; Mat. XIII, 3, 8)nos compara: 1°) a árboles plantados junto a lo largo de las aguas de la gracia, en el campo de la Iglesia, que deben dar sus frutos a su tiempo; 2°) a las ramas de una vid de la que Jesucristo es la cepa, y que deben producir buenas uvas; 3°) a un rebaño, del cual Jesucristo es el pastor y que deben multiplicarse y dar leche;4°) una buena tierra de la cual Dios es el labrador y en la cual la semilla se multiplica y produce el treinta, el sesenta o el ciento por uno. Jesucristo ha dado su maldición a la higuera infructuosa (Mat. XXI, 19) y ha fulminado condenación contra el servidor inútil que no hizo valer su talento (Mat. XXV, 24-30). Todo esto nos prueba que Jesucristo quiere recibir algunos frutos de nuestras débiles personas, a saber: nuestras buenas obras, porque esas buenas obras le pertenecen a El únicamente: "Creati in operibus bonis in Christo Jesu (Eph. II, 10)- Creados en las buenas obras en Jesucristo”. Las cuales palabras del Espíritu Santo muestran que Jesucristo es el único principio y debe ser también el único fin de todas nuestras buenas obras, y que le debemos servir, no solamente como servidores contratados, sino como esclavos de amor.
Me explico.

69. Hay dos maneras aquí abajo de pertenecer a otro y de depender de su autoridad, a saber: la simple servidumbre y la esclavitud; que constituyen a los que llamamos un servidor y un esclavo.
Por la servidumbre común entre los cristianos, un hombre se obliga a servir a otro durante un cierto tiempo mediante una cierta retribución o recompensa.
Por la esclavitud, un hombre está enteramente bajo la dependencia de otro para toda su vida y debe servir a su dueño, sin pretender por ello salario alguno ni recompensa, como una de sus bestias sobre la cual tiene derecho de vida y muerte.

70. Hay tres clases de esclavitud (Cf. S. Agustin, Expositio cantici Magnificat [circa medium]. Sto. Tomas, Summa Theol., III, q. 48, a. 4, corp. ad. lum.): una esclavitud de naturaleza, una esclavitud de fuerza y una esclavitud de voluntad. Todas las criaturas son esclavas de Dios de la primera manera: Domini est terra et plenitudo ejus (Ps. XXIII, 1: “Del Señor es la tierra y todo lo que contiene”); los demonios y los condenados de la segunda; los justos y los santos lo son de la tercera. La esclavitud de voluntad es la más perfecta y la más gloriosa a Dios, que mira el corazón (Reyes XVI, 7) y que pide el corazón (Prov. XXIII, 26) y se llama el Dios del corazón y de la voluntad amorosa, porque por esta esclavitud se elije a Dios y su servicio por sobre todas las cosas, aún cuando la naturaleza no nos obligase a ello.

71. Hay una total diferencia entre un servidor y un esclavo:

1°) Un servidor no da a su dueño todo lo que es y todo lo que posee y todo lo que puede adquirir por otro o por sí; en cambio el esclavo se da todo entero, todo lo que posee y todo lo que puede adquirir, a su dueño sin excepción alguna.

2°) El servidor exige remuneración por los servicios que presta a su señor; en cambio el esclavo ninguna puede exigir, por más asiduidad, industria o fuerza que emplee para trabajar.

3°) El servidor puede dejar a su señor cuando quisiere, o por lo menos, cuando el tiempo de su servicio haya expirado; pero el esclavo no tiene derecho a dejar a su dueño cuando quisiere.

4°) El señor del servidor no tiene sobre él ningún derecho de vida y muerte, de modo que si le matase como una de sus bestias de carga, cometería un homicidio injusto; pero el dueño del esclavo, tiene por las leyes (La ley natural, la ley mosaica y las leyes modernas, no reconocen un derecho tal, fuera de un mandato especial del Soberano Dueño de la vida y de la muerte. El Santo se coloca aquí simplemente en el punto de vista del hecho, según las leyes de los países donde la esclavitud estaba en vigencia [Cf. Secreto de María, p.34, donde dice:”…no puede convenir propiamente a un hombre sino con su Creador. Por eso entre los cristianos, no hay tales esclavos; solo entre los turcos e idólatras los hay así”.] Abstracción hecha de la moralidad del acto, solamente quiere el Santo mostrar, por medio de un ejemplo, esta total dependencia de que habla.), derecho de vida y de muerte sobre él, de suerte que puede venderle a quien quisiere o matarlo como, sin comparación, haría a su caballo.

5°) En fin, el servidor no esta sino por un tiempo al servicio de su señor, y el esclavo para siempre.

72. Nada hay entre los hombres que más nos haga pertenecer a otro como la esclavitud; nada hay tampoco entre los cristianos que nos haga pertenecer más absolutamente a Jesucristo y a su Santa Madre como la esclavitud de voluntad, según el ejemplo de Jesucristo mismo, que ha tomado la forma de esclavo por amor nuestro: Formam servi accipiens (Philip. II, 7) y de la Santísima Virgen que se ha llamado la servidora y la esclava del Señor (Luc. I, 38). El Apóstol se llama honrándose, servus Christi (Rom. I,1; Gal. I, 10; Philip. I, 1; Tit. I,1.). Los cristianos son llamados muchas veces en la Escritura Santa servi Christi; la cual palabra servus según lo ha hecho notar un gran hombre (Enrique Maria Boudon, arcediano de Evreux en su libro: La santa Esclavitud de la admirable Madre de Dios. cap. II) no significaba en otro tiempo sino a un esclavo, porque no había aún servidores como los de ahora, los señores no eran servidos sino por esclavos o libertos; lo que el Concilio de Trento, para no dejar duda alguna de que somos esclavos de Jesucristo, expresa con un término que no es equivoco, llamándonos mancipia Christi: esclavos de Jesucristo (Cathechism Roman, Pars I, cap. III. De secundo symboli articulo [in fine]).
Esto sentado:

73. Digo que debemos ser de Jesucristo y servirle, no solamente como servidores mercenarios, sino como esclavos amorosos, que, por el efecto de un gran amor, se dan y se entregan para servirle en calidad de esclavos por solo el honor de pertenecerle. Antes del bautismo éramos esclavos del diablo, el bautismo nos ha hecho esclavos de Jesucristo: es menester que los cristianos sean esclavos del diablo o esclavos de Jesucristo.

74. Lo que digo absolutamente de Jesucristo, lo digo relativamente de la Santísima Virgen a quien Jesucristo habiéndola escogido por compañera indisoluble de su vida, de su muerte, de su gloria y de su poder en el cielo y sobre la tierra, le ha dado por gracia, relativamente a su Majestad todos los mismos derechos y privilegios que El posee por naturaleza: “Quidquid Deo convenit per naturam, Mariae convenit per gratiam…:Todo lo que conviene a Dios por naturaleza, conviene a María por gracia" dicen los santos; de suerte que, según ellos, no teniendo los dos sino la misma voluntad y el mismo poder, no tienen ambos sino los mismos súbditos, servidores y esclavos(Oportebat…Dei Matrem ea quoe Filii essent posidere, San Juan Damasceno [Serm. 2 in Dormitione B. M.]).


12 DÍAS PRELIMINARES
Empleados en vaciarse del espíritu del mundo


Prácticas Espirituales
Quienes deseen abrazar esta devoción particular emplearán doce días por lo menos en vaciarse del espíritu del mundo contrario al de Jesucristo y para ello rezarán las siguientes oraciones:


VENI CREATOR SPIRITUS
Ven Espíritu Creador,
Visita el alma de los tuyos,
Llena de suprema gracia
Los corazones que creaste.
Tú, llamado: Consolador,
Don de Dios Altísimo,
Fuente viva, fuego, caridad,
Y espiritual unción.

Tú, regalo de siete dones,
Dedo de la diestra Paterna,
Tú, prometido formal del Padre,
Que enriqueces con elocuencia
Nuestros labios.

Enciende luz a los sentidos,
Infunde amor a los corazones,
Con tu fuerza perpetua
Sostén nuestra debilidad.

Arroja muy lejos al enemigo,
Y danos pronto la paz;
Ante nosotros marcha como guía,
Para que evitemos todo mal.

Sepamos por Ti del Padre,
Y conozcamos al Hijo,
Y a Ti, Espíritu de ambos,
Creamos en todo tiempo.

¡Gloria a Dios Padre,
Y al Hijo, que resucitó de entre
los muertos,
Y al Paráclito,
Por los siglos de los siglos.
Amén

AVE MARIS STELLA

Ave estrella de la mar,
Augusta Madre de Dios,
Permanentemente Virgen,
Puerta del cielo, feliz.

Recibiendo Tú aquel Ave
Por la boca de Gabriel,
Ciméntanos en la paz,
Mudando el nombre de Eva.

Desata el lazo al culpable,
Muestra la luz a los ciegos,
Líbranos de todo mal,
Consíguenos todo bien.

Que eres Madre muéstranos;
Reciba por Ti las preces
Quien, nacido por nosotros,
Quiso ser el fruto tuyo.

Virgen única, sin par,
Entre todas la más dulce,
Líbranos de nuestras culpas,
Haz que seamos mansos, castos.

Concédenos vida pura,
Vía segura prepara:
Para que, viendo a Jesús,
Siempre juntos nos gocemos.

Sea la alabanza a Dios Padre,
Al sumo Cristo esplendor,
con el Espíritu Santo,
a los Tres un solo honor.
Amén.














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